sábado, 24 de marzo de 2018

De qué nos quejamos.


HERNAN BAQUERO BRACHO.
En este artículo voy a poner el dedo en la llaga. ¿Saben por qué La Guajira se ha encontrado en estado postrero y lastimero? ¿Saben ustedes por qué del atraso y del subdesarrollo que nos agobia? ¿Saben ustedes por qué ocupamos los últimos lugares en calidad educativa y en calidad de vida, en competitividad, en pobreza y en pobreza extrema? ¿Saben ustedes por qué ocupamos los primeros lugares en analfabetismo y en desnutrición? Todo lo anterior obedece al recurso humano que no ha sido direccionado hacia las variables que corresponden en estos tiempos de globalización. Así como también un recurso humano no calificado que maneja el erario en las diferentes dependencias tanto departamentales como municipales.
La Guajira se encuentra plagada de unos virus que le han hecho tanto daño y que continúan en alza con el paso de los días: El egoísmo, la envidia, el ego que lo poseemos  por encima de los dos metros hacia arriba, la codicia y el cortoplacismo, son los males que siempre nos han aquejado, llevamos esos males a cuesta desde tiempos inmemorables. La corrupción que ha hecho tanto daño, donde las oportunidades se han vuelto efímeras por causa de ella y el otro factor de gravedad es la codicia política que ha llegado hasta extremos inimaginables lo que ha originado el rechazo, la falta de confianza,  de credibilidad por parte de la gran prensa nacional y del mismo gobierno central. Solo analicemos los últimos resultados electorales para el Senado de la República. Nos dejamos ganar de departamentos como Cesar, Magdalena, Atlántico, entre otros, donde predomina la unidad y el sentido de pertenencia. ¿De qué nos quejamos después? El egoísmo y la envidia, nos matan.
Aquí en esta tierra bella se sufre más por los triunfos del paisano que por los malos servicios públicos. Ay que a fulano lo nombren en un cargo importante  o que se enteren de que va a ocupar tal posición, para que lluevan rayos y centellas, pasquines por doquier, para que a fulanito no se le dé la oportunidad para él, como para La Guajira. Es la filosofía del mediocre: si yo no puedo, él tampoco es merecedor de determinada posición.
Es así como La Guajira ha perdido oportunidades que no volverán, por culpa del egoísmo y de la envidia. Aquí cada quien cuida al vecino, se convierte en un celoso guardián no para bien, si no para mal. Para cuando llegue el momento de destrozarlo y acabarlo. Aquí se dan todos los casos de región incivilizada, como atrasada. Aquí estamos pendiente del mal, no del bien común. Las energías negativas están por doquier, hacen trizas a gente honrada y honorable.
Aquí la gente goza con el mal ajeno, se entristece con el bien de los demás. Aquí la envidia, es un cultivo generoso y se da por montones. Aquí el envidioso florece como la verdolaga, se expande agreste como ella. Aquí el mundo anda al revés- al de las ideas y de la creatividad se le colocan toda clases de zancadillas, se tejen toda clase de mal informaciones para que no salga exitoso, así sea La Guajira la que esté de por medio. Aquí se aplica la cuadratura del círculo, tal como la expresara de manera recurrente nuestro amigo y periodista fallecido Álvaro Flórez Ortega, nuestro inolvidable “Flechazo”.
Aquí se encuentra el eslabón perdido de la humanidad. Aquí  lo lícito es ilícito,  lo legal es ilegal, lo ilegal es legal. Aquí pagar impuestos es una utopía. Aquí todo el mundo quiere ser prospero a través de la vida fácil. Aquí no quieren aprender a pescar. Aquí lo que les gusta es que le entreguen el pescado. Aquí la palabra lealtad está en desmoda. Aquí la amistad ya no existe. Aquí el mal anda suelto como el mismo demonio.
Aquí los perdedores son malos perdedores. Aquí se valora el tener y no el saber. Aquí los más capacitados están bajo las ordenes de los más incapaces. Aquí existen más caciques que indios en la política regional. Aquí los pájaros les tiran a las escopetas. Aquí los líderes pelean por sus apetitos personales y no por los intereses de la comunidad. Aquí la intelectualidad ya no sirve, está en desuso. Esta es y ha sido la realidad de mi Guajira del alma. De que nos quejamos entonces.




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