jueves, 29 de marzo de 2018

Profesor rafael antonio amaya, sonetista por excelencia.


HERNAN BAQUERO BRACHO
El soneto nace en Italia con los Liricos Sicilianos y los trovadores medievales. Allí lo cultiva Dante y lo honorifica Petrarca, llevándolo a la cima, en la bota mediterránea, el Gran Tasso. Francia, el romántico país galo, lo asimila; lo expande y embellece el gran bardo Merlín de Saint-Gelais, lo aprestigia Ronsard y el mismo Luis XIV, lo hace florecer con los llamados románticos, guiados por Arvers, y luego, los Parnasianos, sobre todo Heredia y Sully-Proudhomme, le dan el golpe de gracia. Los ingleses lo endulzan a veces, y lo entristecen en las más variadas ocasiones. William Shakespeare es su más culto representante. El Márquez de Santillana, en España, es el incuestionable cultor. Después de él trabajaron con el soneto F. de la Torre, Arquijo, Garcilaso, y sobre todo Góngora, Lope, Cervantes, Los Argensola y Quebedo.
En Colombia, país poético por excelencia, el género ha caminado vorazmente y son muchos, muchísimos, los Sonetistas. Pero es en la Región Caribe en donde verdaderamente se encuentran los verdaderos Sonetistas: Leopoldo de la Rosa, Moreno Alba, Reinaldo Bustillo Cucuas, solo para citar algunos. En La Guajira los Sonetistas siempre han brillado: Gabriel Solano Vidal, su Hijo el Poeta de Barrancas Guillermo Solano Figueroa, así como su hermano Urbano Solano Figueroa y en primer plano brilló el Maestro Rafael Antonio Amaya, se destacó en vida como uno de los grandes Sonetistas que tuvo Villanueva y Colombia. Sin lugar a equivocaciones es el Sonetista Mayor. Todos ya fallecidos. Hoy honramos su memoria.
El Soneto, como forma literaria, es una composición poética de cuatro estancias totalmente cerradas, formadas ellas por catorce versos endecasílabos, repartidos en dos cuartetos y dos tercetos, rimando en cada uno de los primeros, así: el Primer Verso con el Cuarto, y el Segundo con el Tercero, debiendo ser unas mismas en ambos las consonancias. En los tercetos la rima y consonancia pueden ir ordenadas de manera variada,  múltiple, como lo desea el poeta.
Hay muchas formas de sonetizar: El Alejandrino, o sea el formado por versos de catorce silabas; el Caudado, que lleva estrambote; el italiano, compuesto de endecasílabos, el Castellano, o sea el de versos de arte menor.
Uno de los libros que dejó escrito, el Maestro Rafael Antonio Amaya, poemario de más de cien sonetos quien hábilmente manejaba los diferentes tipos del género poético: el Castellano, el Caudado, el Endecasílabo y el Alejandrino, con la soltura, claridad de quien fue un teórico y un artífice de la poesía.
He allí el hombre romántico, el hombre curtido en los caminos del trasegar perenne, que no solo encontraba eco entre las carnes, los eróticos dioses del Olimpo, sino en esos lugares por donde pasó o vivió y los romantizaba en una oración. Eso también es amor. Aquí, en sus poemas que le dedicó a la tierra de los acordeones, de la caja y la guacharaca, lo sentimos caminar sobre el lomo de los tempos, esquivando baches en el recorrer de la distancia. Eso fue lo que dejó para la posteridad con su poemario “La Cabaña De Las Musas”. En ese libro dejó parte de lo que en vida fue: Educador insigne, Poliglota, Historiador, Novelista, Humanista, Conciliador, Pacificador y Católico acérrimo hasta los tuétanos. ¡Honraremos por siempre la memoria de Don Rafael Antonio Amaya! El maestro Rafael Antonio Amaya, con su colegio Santo Tomás de Villanueva, realizó el mejor poemario de su vida: Echó versos al viento, para que floreciera la mejor educación jamás vista en La Guajira. Allí sembró sus mejores versos para que Villanueva cosechara los mejores valores por toda una época, pero que hoy en la mayoría de los casos, se han perdido.




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