sábado, 7 de abril de 2018

Apología al ruiseñor de mi valle.


HERNAN BAQUERO BRACHO
Indiscutiblemente para que vuelvan a nacer cantantes como Jorge Oñate, se necesita que pasen muchas centurias. Cantantes como él no nacen todos los días. Dios le da dones a los hombres y Jorge Oñate es uno de esos que nació con dones especiales: el de cantar. Pero de cantar bien, como pocos  saben hacerlo. A falta de un cariño paterno tu­vo el cariño doble de su madre, la gran Delfina Oñate. Qué cariño el de este hombre unamuniano de carne y hueso y no mera abstracción de la fantasía, el que siempre le profesó a su madre. Ella le dio todo para que fuera un hombre de bien, él recogió ese amor para transformarlo en alegría, deleite y razón de existir. El pasado 31de marzo, arribó a sus primeros 68 años de edad. El folclor vallenato se lo celebró por lo alto: Las redes sociales ese día, estaban atiborradas de buenos mensajes a este gran juglar de la música vallenata.
Un 3 de octubre de 1967 en el paradero el Páramo, allá en la Paz, había una parranda vallenata (estaban entre otros “El Negro” Morón, Alcides Daza y el doctor “Chema” Oñate) y un pelao de escasos 15 años pidió permiso para cantar: Cuál no sería la sorpresa de los pre­sentes por la voz extraordinaria de este mu­chacho: era Jorge Oñate González. El hijo del Teniente González y Delfina Oñate Mejía. Cursaba el segundo año en el colegio Sagrado Corazón de Jesús de Valledupar. Allí en esa pa­rranda comenzó a trinar el Jilguero de América, heredero musical de su abuelo Juan Oñate (quien tocó acordeón y música de vien­to). En esa parranda Jorge demostró pública­mente sus dotes para el canto vallenato.
La noticia corrió en la provincia como pól­vora, era un muchacho de gran especialidad en el manejo de la voz, un cantante fuera de serie. El rumor llegó a los oídos de los aman­tes del folclor y de los artistas de esa época. Y comenzaron a surgir propuestas entre los con­juntos del momento. Fue así como en 1968 grabó su primera larga duración titulada Festival Vallenato con Ovidio Oviedo, en el que grabó composiciones de Alonso Fernández Oñate como “María Eugenia” y otros temas mu­sicales que en el momento le dieron realce al folclor. Fue el abrebocas de sus éxitos como cantante de la música de Francisco Moscote, de “Chema” Armenta, del “Negro Calde” y de “Toño” Salas. Jorge Oñate iniciaba así su vida musical, comenzaba el Jilguero a trinar notas hermosas. Ya en toda la provincia era alboroto, el nombre del ruiseñor del Cesar.
En 1969 se cristaliza una de las uniones que más dieron alegría en el mundo de la farándula. Jorge Oñate y Miguel López. Su pri­mer larga duración "Lo último en Vallenato". Allí se destacaron Poncho Zuleta en la guacharaca y Pablo López en la caja, e incluyeron famosas canciones como Bertha Caldera, La Paz, Diciembre Alegre, Mis Viejos, El Gallo Viejo, Dinastía de los López, bajo el siempre re­cordado título de "Jorge Oñate y los Hermanos López", Vinieron después grandes éxitos como: Diosa Divina, Jardincito, Reyes vallenatos, Las Bodas de Plata, El Cantor de Fonseca, Duelo Vallenato, Rosa Jardinera, Fuera de Concurso, Canto a mi tierra y lo mejor de los hermanos López. En estos siete años imborrables se des­tacaron temas que hicieron historia como Cerro Murillo, Tiempos de la Cometa, La Vieja Gabriela, el Historiador, Mi gran amigo. No voy a Patillal, Palabras al viento, Dos rosas, entre otras.
En mayo de 1975, graba con “Emilianito” Zuleta Díaz, un LP para el recuerdo donde se destacaron temas como Mujer conforme, La Gira, la Parranda y la Mujer. En diciembre del mismo año se unió a uno grande, “Colacho” Mendoza "Rey de Reyes", haciendo paradigma en el primer LP de ellos: "Los dos amigos". Unión ésta que se mantuvo hasta 1978. En es­te lapso llevaron al acetato un sin número de canciones contenidas en las obras musicales denominadas: Únicos, Campesino parrandero, En la Cumbre y Silencio. De esta unión que­daron para la inmortalidad temas como: Los Tocaimeros, Los dos amigos. Yo soy tu negro, Campesino parrandero, Rosa Angelina, Silencio.
En el segundo semestre de 1978 se une a otro rey vallena­to: Raúl "El Chiche" Martínez, con quien grabó 3 largas dura­ción: el cambio de mi Vida, siempre unidos y noche de es­trellas. En 1981 se junta a “Juancho” Roís (q.e.p.d.), unión que se prolonga hasta el año de 1985 y quedaron allí temas grabados para la posteridad, entre los que se pueden mencionar: El cantante, Ruiseñor de Mí Valle, Paisaje de sol, 13 Aniversario, Canto y Tradición, y el Cariño de mi pueblo.
En su desarrollo histórico Jorge Oñate se ha destacado por grabar con los valores más insignes de nuestro folclor y es así como el ini­cio del año de 1986, lo hace Con el hijo de Miguel López, “Alvarito”, con quien mantuvo una sólida unión hasta el año de 1995. Grabaron 8 extraordinarios discos que le me­recieron los mejores aplausos del público y el reconocimiento de discos de oro y platino por sus ventas millonarias. Estos trabajos han si­do titulados: Ahora con Álvaro López, El Jilguero, El folclor se viste de gala, Homenaje 20 años de vida artística, El más fuerte, Mi mejor momento, Bailando así, el Vallenato de siempre y Nací para cantar.
A partir del año 1996 Jorge Oñate consa­gra su melodía al Rey de Reyes, Gonzalo Arturo "El Cocha” Molina. Después grava otra larga duración para la historia con el rey vallenato Julián Rojas, que se convirtió en todo un éxito a nivel Nacional. Y luego viene la consagración total con el joven y rey vallenato Cristian Camilo Peña, con quien produjo tres trabajos inolvidables, que han hecho del cantante más importante en el vallenato en uno de los grandes juglares de nuestro folclor. Desde esa fecha pa­ra acá el Ruiseñor del Cesar se vuelve como el vino viejo, que entre más añejo vale más su contenido. Su trabajo discográfico con el rey Cristian Camilo Peña, quien es un fenómeno en el acordeón, batiendo los récord en sintonía, en ventas millonarias, en aplausos y su fanaticada volvió orgullosa de tener a su ídolo otra vez en la cima de la farándula vallenata. Son más de  52 años conservando la misma voz, la del "Jilguero de América", bautizado así por el vallenatólogo Jaime Pérez Parodi, nombre que surgió de las giras por el continente america­no.
La voz de Jorge Oñate es clara, nítida, lle­na de las mejores notas musicales. Su caden­cia en la interpretación de los diferentes ritmos musicales es bien sostenida. Su voz va acorde con los fuelles del acordeón: sube y baja, baja y sube en unos tonos vocales que lo hacen lí­der en el canto de la música de Francisco El Hombre, de Escalona, del maestro Emiliano, eso que con mucho honor se llama vallenato. En Jorge se conjugan las notas musicales del Do mayor, de Re, del Si Bemol bien sostenido para hacer de él el cantante más completo en la música. Vernácula. Quien diga lo contrario es un necio en cuestiones de voces musicales.
Pero de este personaje no todo es música y canto. Los valores sentimentales que lo dis­tinguen más allá de lo que concierne a su núcleo familiar, lo hemos podido palpar al recor­dar que ha sido partícipe, en permanente so­lidaridad, en los momentos de alegría y triste­za que han embargado a nuestra región Caribe. Casos como un 15 de octubre de 1972, en compañía del gran Gustavo Gutiérrez Cabello, y en los instantes en que era sepul­tado el inolvidable Freddy Malina, unieron sus voces interpretando las canciones de este ju­glar, Igual comportamiento ha mostrado en otros casos difíciles para el folclor: en los mo­mentos de Armando Moscote, Alejo Durán, Rafael Orozco, Octavio Daza, Adanies Díaz, Héctor Zuleta, Juancho Roís,  de su amigo Rafael Escalona Martínez, donde emocionado lloró  en La Tarima Francisco El Hombre de la ciudad de Valledupar;  el de Diomedes Díaz, el más reciente, la partida del Gran Martín Elías. No es fan­tasía, es una convicción que viene de lo más profundo de su alma. Dios debió haber pro­veído a los demás valores de nuestro folclor, de igual condición humana. Pero no todo es per­fecto, porque así lo quiere el Todopoderoso.
Cantantes como Jorge Oñate que le han dado lo más grande de su producción musical al folclor vallenato lo hacen merecedor de todos los elogios, de todos los reconocimientos y de todos los honores. Triste que el Festival Vallenato, no le haya hecho un reconocimiento al Ruiseñor de Mi Valle, que lo tiene más que merecido. Contrario, que festivales  como El Cuna de Acordeones, El de Francisco El Hombre, entre otros, si le han hecho los reconocimientos del caso. Las cosas del destino, hoy nuevamente anda con el Rey de Reyes, “Alvarito” López, el hijo de Miguel, con quien alcanzó la cima de la fama, alegrando los corazones y las almas enamoradas en el mundo vallenato. Con “Alvarito” ha cristalizado su victoria en el canto y en la melodía. 


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