miércoles, 27 de junio de 2018

Encuentro de Escritores Literatura al mar en la guajira.


Por: José Miguel Álzate
Una novela me hizo descubrir la magia de una tierra donde los alcatraces vuelan sobre el mar mientras sus aguas saladas llegan en pequeñas olas a playas de arena movediza: ‘Allá en la Guajira arriba’. Escrita por Óscar Perdomo Gamboa, profesor de la Universidad del Valle, la obra no solo muestra esa naturaleza espléndida de una zona de Colombia arrullada por el rumor de las aguas cuando besan la playa, sino también las hazañas de un hombre nacido en esa tierra, el almirante José Prudencio Padilla, que fue decisivo en la gesta emancipadora liderada por Bolívar. Su lectura despertó mi deseo de conocer esa tierra, que, desde el día en que Francisco el Hombre se enfrentó al diablo en un duelo de acordeones, a través del vallenato le ha mostrado al país la riqueza de su folclor.
Pues bien, el sueño de conocer La Guajira se me hizo realidad. La fundación Teichon, liderada por una mujer de ascendencia wayú, Delia Bolaño, organiza cada año en San Juan del Cesar el Encuentro Internacional de Escritores Literatura al Mar. Este es un evento cultural donde se dan cita autores de diferentes países que visitan pueblos guajiros para, con recitales poéticos y conferencias sobre temas literarios, decirles a los estudiantes de esta región de la patria que su cultura ancestral es un valor agregado al atractivo turístico de La Guajira. Un grupo de catorce escritores (un norteamericano, dos españoles, un uruguayo, un mexicano, un venezolano y ocho colombianos) tuvimos la oportunidad de recorrer la región wayú para conocer su forma de vida.
Estuve como invitado en el encuentro de este año. Y, a decir verdad, hay que aplaudir el interés de la comunidad wayú por saber un poco más de esa Colombia que ellos conocen por la presencia de turistas recorriendo sus desiertos. Si uno se detiene en una ranchería, lo rodean los raizales con la esperanza de que se les entregue algo. En los planteles educativos, donde cientos de niños reciben educación, su lenguaje es símbolo de identidad étnica. Muchos escriben relatos en los cuales hablan de su idiosincrasia y a la vez exponen su preocupación por el mundo que los rodea, como si quisieran decir que hacen parte de una Colombia que los tiene relegados al olvido. En su lengua nativa dicen que son parte de una comunidad que no dispone de servicios básicos.
Hay que aplaudir el interés de la comunidad wayú por saber un poco más de esa Colombia que ellos conocen por la presencia de turistas recorriendo sus desiertos.
El Encuentro Internacional de Escritores Literatura al Mar es un certamen cultural que busca mostrarle a Colombia la cara amable de una región que ha sido satanizada por ser manejada por una clase política que ha hecho de la corrupción una herramienta para enriquecerse. Los eventos que se programan tienen como propósito inculcar en los estudiantes el amor por el arte en sus diversas manifestaciones. Busca poner a la juventud en contacto con quienes a través de la palabra, la pintura y la música quieren construir una Colombia nueva, alimentada por las expresiones del espíritu. La receptividad de las instituciones educativas es admirable. Los directivos saben que con conferencias, exposiciones y recitales se está enviando un mensaje de esperanza en una Colombia mejor.
Millones de colombianos conocen La Guajira solamente por referencias. En la mayoría de los casos, por las noticias que trasmiten los medios de comunicación sobre robos al erario público. También por el abandono en que viven esos compatriotas que en las rancherías no cuentan con agua potable ni luz eléctrica, o por los niños que mueren de hambre porque los recursos para su alimentación se quedan en manos de inescrupulosos. Pero existe otra Guajira: la que duerme el sueño del olvido. Es esa Guajira que en el cabo de la Vela muestra imágenes de pobreza, con mujeres rebuscándose la vida con la venta de sus artesanías o con niños que deambulan por las trochas arreando un burro con galones de agua encima. Esa es La Guajira que necesita la atención del Estado.
El Encuentro Internacional de Escritores Literatura al Mar, que empieza en San Juan del Cesar y se extiende por Villanueva, Fonseca, Riohacha y Uribia, es una oportunidad para mostrar esa Guajira que pocos conocen. La que se alimenta con la música vallenata, la que tiene juglares que cantan sus vivencias, la que con acordeones enciende la alegría. Esa Guajira que yo conocí leyendo la novela que menciono al inicio de esta columna, la que habla de cómo la fragata Almirante Padilla se tomó Puerto López para atajar el contrabando, la que canta Carlos Huertas cuando habla de su vida en Fonseca es la región del país que todos los colombianos deberíamos mirar con los ojos de la esperanza. Sobre todo porque es allá donde comienza Colombia.


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